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<title>P O E M &#193; G E N E S: General</title>
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<description>Poes&#237;a en im&#225;genes o Im&#225;genes Poemadas</description>
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<title>ZoomBlog</title>
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 <title>ESTACI&#211;N POES&#205;A</title>
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 <![CDATA[
<img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/estacionesqblog.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="estacionesqblog.jpg" align="right"><p>CON EL OTO&#209;O</p><p><br>De vuelta al hogar<br>madur&#243; la tarde,<br>roja y parda, encendida<br>de amores viejos.<br>Bendito instante, breve,<br>que apila las hojas, juntas,<br>antes de despedirse.<br><p><br>POR EL INVIERNO</p><p><br>Entre veredas blancas<br>que el viento g&#233;lido borr&#243;,<br>s&#243;lo las huesudas manos<br>del bosque prendieron,<br>del alma la memoria,<br>para que no se marchitara,<br>y del ayer el recuerdo.<br><p><br>A LA PRIMAVERA</p><p><br>Transparente la quietud<br>Que me permite oleros.<br>Sentiros&#133; Florece.<br>&#191;O acaso, aromas, amigos,<br>ya est&#225;bais antes ah&#237;?<br>La ma&#241;ana limpia<br>se visti&#243; de vida.<br><p><br>EN EL VERANO</p><p><br>Blancas y rosas, las azaleas,<br>sombrean el banco de piedra.<br>El sombrero de paja<br>sobre el alf&#233;izar, y<br>en la puerta el cesto.<br>Aroma de narcisos<br>perfuman la siesta.<br><p><br> *De "POEM&#193;GENES", (c) Luis Tamargo.-<br> <a href="http://leetamargo.mybesthost.com/poemagenes.html">http://leetamargo.mybesthost.com/poemagenes.html</a></p>

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 <title>MERECE LA PENA</title>
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 <![CDATA[
<img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/merecelap1blog.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="merecelap1blog.jpg" align="right"><p>Si algo me gustaba de aquella pensi&#243;n era la serena tranquilidad del barrio en que se aposentaba. En definitiva, la modesta poblaci&#243;n de San Lorenzo era de por s&#237; apacible y mon&#243;tona, casi hasta el aburrimiento. Por eso la escog&#237; como el marco ideal para sentar las bases de mi futura obra y, all&#237;, en la pensi&#243;n de la calle Doctor Fleming establec&#237; la sede permanente de mi estudio de pintura. Mi prop&#243;sito consist&#237;a en romper las penurias y t&#243;picos que asolan a los artistas, esclavos de una vida sometida a los mandatos &#250;ltimos de las primeras necesidades, el pan, la ropa, la oficina, el coche... Demasiadas obligaciones acaban por inutilizar el talento y este, como joya atesorada, debe hallar rienda suelta a su expresi&#243;n sin l&#237;mites, imposiciones o ataduras que impidan su natural desenvolvimiento. Esto es lo que persegu&#237;a, no perder la espontaneidad deber&#237;a constituirse en la m&#225;xima de un artista que se precie. Era un modo de vida y, por tanto, hab&#237;a que protegerlo.<br>  La luz de la tarde impregn&#243; muchos de los cuadros que durante horas incontables acab&#233; de finalizar all&#237;, en el estudio de la segunda planta. No me habr&#237;a importado tampoco alquilar el &#225;tico de arriba, pues las pinturas se amontonaban, lienzo sobre lienzo, contra las paredes repletas de mi modesto y diminuto apartamento. Adem&#225;s, me fren&#243; el hecho a considerar de obligarme a pagar un alquiler m&#225;s, lo que me llevar&#237;a ineludiblemente a la rueda trepidante de la que me empe&#241;aba en huir. Por eso, aquella ma&#241;ana me sobresaltaron los ruidos provenientes del apartamento superior, hasta entonces desocupado. La tranquilidad que disfrut&#233; en solitario hasta aquel momento pareci&#243; anunciar su irremediable final con aquel taconeo repetido de unos zapatos que caminaban arriba, de un lado para otro, ahora arrastrando alg&#250;n objeto pesado o bien golpeando el suelo del piso con un caer estrepitoso y descuidado.<br>  La se&#241;ora de la pensi&#243;n me explic&#243; sin entrar en demasiado detalle, al escuchar mi esperada pregunta, que hab&#237;a alquilado la buhardilla a una mujer reci&#233;n llegada, no se acordaba de d&#243;nde si es que se lo hab&#237;a dicho. Y r&#225;pidamente, como si temiera un bombardeo de preguntas en exceso curiosas, desapareci&#243; por una de las puertas del enorme pasillo que cruzaba de lado a lado la planta baja, destinada en su totalidad a la vivienda de los propietarios del negocio.<br>  Cuando sub&#237; a mi habitaci&#243;n pude observar a trav&#233;s del hueco en el rellano de la escalera que su puerta estaba abierta. Una claridad inmensa irradiaba desde adentro, quiz&#225;s el balc&#243;n tambi&#233;n estuviera de par en par ventilando la habitaci&#243;n hasta ahora deshabitada. Me descubr&#237; curioso, casi que impertinente, intentando inconscientemente crear excusas para averiguar qui&#233;n y con qu&#233; se ocupaba la morada que descansaba encima m&#237;o. Esa tarde me cost&#243; trabajo concentrarme para proseguir con la marcha de mis pinturas iniciadas. Escuch&#233; un fuerte portazo de arriba, tal vez causado por una corriente de aire desprevenida y me pareci&#243; una disculpa aceptable para salir afuera a entablar una posible conversaci&#243;n. Nadie en el rellano y la puerta, de nuevo, volv&#237;a a permanecer abierta... Decidido a inventar cualquier pretexto sub&#237; escaleras al &#225;tico hasta llegar ante la puerta. Nadie adentro, sin embargo se pod&#237;an contemplar los muebles y adornos y busqu&#233; los detalles capaces de hablarme sobre la naturaleza de la persona que all&#237; viv&#237;a. Escuch&#233; ruido de agua en la otra habitaci&#243;n, posiblemente se encontraba en el ba&#241;o. En efecto, me asust&#243; cuando de s&#250;bito hizo acto de aparici&#243;n, &#250;nicamente cubierta con una camiseta corta y una braguita blanca y fina, tanto que ocultaba solamente lo preciso. Se apercibi&#243; de mi presencia cuando se dispon&#237;a a ordenar el equipaje de sus maletas extendidas sobre el sof&#225; y, sin terminar de volverse hacia m&#237;, me indic&#243; en voz alta que la puerta estaba abierta, invit&#225;ndome a traspasar el umbral. Pude comprobar que sosten&#237;a un cigarrillo entre los labios.<br>   -Solo quer&#237;a presentarme, escuch&#233; ruidos y... Soy el vecino de abajo.<br>   -No molesta, no se preocupe. Adelante! -su tono no denotaba la amabilidad que se dice por cumplir, pero prefer&#237; pecar de prudente y posponer la visita.<br>   -Cuando acabe de instalarse, tranquila, gracias... Ah! Y bienvenida!<br>  A la tarde siguiente coincidimos en el rellano, ella regresaba de fuera, elegante, bien arreglada y, r&#225;pidamente, se aprest&#243; en acabar la presentaci&#243;n de la otra tarde. Me ofreci&#243; subir al &#225;tico y me puse c&#243;modo en el sof&#225; mientras ella entraba al ba&#241;o. Observ&#233; el ambiente acogedor de la sala frente al amplio ventanal que daba a los campos y jardines que preceden al bosque de San Lorenzo.<br>  Escuch&#233; que me hablaba desde el ba&#241;o, se quejaba del d&#237;a tan intenso que hab&#237;a soportado. Tambi&#233;n, ensalz&#243; la belleza de los bosques de San Lorenzo y las bondades de los peque&#241;os pueblos que, en su natural humildad, esconden el secreto de la serena tranquilidad y del saber vivir, algo de lo que se han olvidado en las ciudades. Sali&#243; envuelta en una toalla y con el cabello mojado recogido en otra, a modo de turbante. Una mascarilla de intenso verde pistacho le cubr&#237;a los p&#225;rpados y segu&#237;a explic&#225;ndose, mientras se frotaba los brazos con una crema incolora que desprend&#237;a un aroma fresco y penetrante. Se interes&#243; por m&#237;, de d&#243;nde era, a qu&#233; me dedicaba y se sorprendi&#243; con admiraci&#243;n al enterarse de que era pintor, s&#237;, de lienzo y pincel fino, s&#237;, s&#237;, un artista. Entonces me habl&#243; de su trabajo, de su penosa labor de modelo publicitario y, a decir verdad, no me habr&#237;a extra&#241;ado reconocer su rostro de entre algunas de las revistas de moda.<br>  Su estancia en San Lorenzo se deb&#237;a a un reportaje filmado en el entorno del bosque y de sus afamados jardines, que constitu&#237;an el marco apropiado para aquel cortometraje de una nueva colonia, una innovadora fragancia para el mercado cosm&#233;tico. El d&#237;a anterior fue pesado y repetitivo, hubo que volver a filmar las mismas tomas hasta encontrar el efecto de luz apropiado o, mejor, la lente capaz de reflejarla con fidelidad. El fot&#243;grafo acab&#243; por poner nerviosas a las modelos con sus exigencias y hoy igualmente, las tomas se sucedieron compulsivamente, sin apenas descanso. Ma&#241;ana ser&#237;a otra dura jornada, pero dispon&#237;a de todo el fin de semana para recuperarse y descansar. Se hab&#237;a propuesto no caer en la vor&#225;gine del ambiente que rodeaba al trabajo y por eso escogi&#243; aquella poblaci&#243;n cercana a los bosques y aquella modesta pensi&#243;n, alejada de las compa&#241;eras y de los equipos de filmaci&#243;n, s&#237;, merec&#237;a la pena.<br>  Con &#225;nimo de corresponder a su sincera claridad, le manifest&#233; mi inter&#233;s por su atractiva profesi&#243;n, viajando, conociendo lugares nuevos a menudo de alto post&#237;n y disfrutando de personajes y ambientes selectos. Hab&#237;a vuelto a salir del ba&#241;o luciendo un ajustado corpi&#241;o de flores que dejaba al descubierto el redondeado ombligo de su vientre moreno y liso, por encima de su braguita blanca y tan estrecha. Se estaba peinando su rubia melena cuando de pronto par&#243; el movimiento del cepillo e, inm&#243;vil en el centro de la habitaci&#243;n con los brazos ca&#237;dos al suelo, parec&#237;a prestar atenci&#243;n a qui&#233;n sabe qu&#233; mandato divino. Se le ocurri&#243; de repente aquella idea, la de posar para m&#237;, casi con fijaci&#243;n obsesiva, la de que ten&#237;a que pintarla, s&#237;, se propuso llevarse de aquel lugar su retrato.<br>  Acept&#233; la idea instintivamente, no pens&#233; en compromiso alguno pues es mi costumbre cotidiana andar entre colores y paletas y, por eso, s&#233; apreciar el valor de un modelo espont&#225;neo que se preste. Al marchar, quedamos en concretar el proyecto en ese fin de semana y, cuando quise cerrar la puerta, ella se interpuso y me susurr&#243; al o&#237;do que una puerta entreabierta es la mejor de las cerraduras y que siempre la encontrar&#237;a as&#237;... Baj&#233; los escalones, pero solo escuchaba la zozobra de mis latidos agolpados dentro del pecho. Sin embargo, esa noche dorm&#237; pl&#225;cido y descansado como hac&#237;a tiempo que no lo recordaba.<br>  A la noche siguiente sent&#237; sus pasos subir hacia el &#225;tico muy de madrugada, sin duda, debi&#243; de tener otra dura jornada de trabajo o quiz&#225;s de fiesta. Ya por la tarde me asom&#233; a su puerta... El ruido de la ducha ces&#243; y su cabeza enmara&#241;ada apareci&#243; tras la puerta del ba&#241;o.<br>   -Pasa, p&#243;nte c&#243;modo... Pero antes trae tus b&#225;rtulos, artista, empezamos ahora...<br>  Sin rechistar, obediente, sub&#237; aquel juego de pinceles nuevo que guardaba para no s&#233; qu&#233; sesi&#243;n especial, tambi&#233;n los lienzos de bastidor y el caballete de campo que para aquella ocasi&#243;n me servir&#237;a que ni pintado. La luz que entraba por el ventanal de la sala creaba la atm&#243;sfera id&#243;nea y, r&#225;pido, dispuse todos los elementos y material necesario para convertir la habitaci&#243;n en un improvisado estudio. Ella atend&#237;a mis indicaciones, envuelta en su media toalla y con su inseparable braguita, tan diminuta y estrecha. Le expliqu&#233; el modo de tenderse en el suelo, la posici&#243;n de las piernas entrecruzadas, de las manos posadas y expresivas, el &#225;ngulo del rostro y la leve torsi&#243;n del cuello con la cabeza inclinada para que el escorzo lograra reflejar toda la delicadeza sensual de aquel bello cuerpo, sugerente. Una belleza que me impresion&#243; y a la que, con el aliento contenido, procur&#233; sobreponerme para que los primeros trazos delimitasen el marco de lo que ser&#237;a el pr&#243;ximo escenario. Tambi&#233;n me preocup&#233; de realizar descansos, no deseaba resultar igual de molesto que los fot&#243;grafos con los que hab&#237;a trabajado. Ella lo agradeci&#243;, se sent&#237;a c&#243;moda, sonre&#237;a y, de un golpe, se desembaraz&#243; de la toalla y su braguita...<br>   -As&#237; mejor... -musit&#243; al tiempo que su mirada esbozaba una sonrisa picarona.<br>   -Podemos continuar ma&#241;ana, no es necesario agotarse ni acabar hoy... -intent&#233; disculpar.<br>  Pero ella se puso en pie y vino hacia m&#237;...<br>   -No, p&#243;nte c&#243;modo t&#250; tambi&#233;n!<br>  Tir&#243; de las mangas de mi jersey y me lo quit&#243;. Luego sent&#237; sus pechos pegados a la piel de mi torso, sus pezones me acariciaban con suavidad de terciopelo y con su boca besaba mi hombro y me mordisqueaba el cuello. Pos&#233; los pinceles, sin poder evitar que alguno cayera. Sab&#237;a lo que iba a suceder casi como si lo hubiera imaginado, como si lo hubiera pintado. Los dos cuerpos desnudos rodaron sobre el suelo alfombrado, abrazados en una sola caricia, fundidos en un gemir de peque&#241;as pasiones encendidas que aumentaban en intensidad, ansiosas ya por desbordarse o ya por encumbrarse a otra cima m&#225;s alta de placer. As&#237;, hicimos el amor entreg&#225;ndonos por entero, hasta que el sue&#241;o nos acogi&#243; bajo su reinado nocturno. Despert&#233; a medianoche, al lado de su cuerpo caliente y desnudo, juntos bajo el edred&#243;n, sin querer despertar nunca de aquel sue&#241;o.<br>  En los d&#237;as sucesivos compaginamos sesiones de fotos con las poses frente al lienzo. Nunca conoc&#237; una sensualidad as&#237; de salvaje y &#250;nica y, tambi&#233;n, sab&#237;a que al igual que lleg&#243; sin esperarlo volver&#237;a a marchar, quiz&#225;s sin retorno. El final lleg&#243; triste, s&#237;, pero lo celebramos con otra sesi&#243;n doble de amor sin freno. Luego, por fin el adi&#243;s, una despedida con sonrisa...<br>  Ahora miro hacia su puerta desde el rellano, esperando encontrarla entreabierta. Tal vez regrese alg&#250;n d&#237;a aunque tan s&#243;lo sea para recoger su pintura, el retrato que le dediqu&#233;. Tal vez alg&#250;n d&#237;a a&#241;ore el tiempo detenido de los pueblos peque&#241;os donde la vida recupera la respiraci&#243;n al comp&#225;s del bosque y regrese para recobrar la tranquilidad del aroma que merece la pena.<br><p><br> <br> *"Es Una Colecci&#243;n de Cuadernos Con Coraz&#243;n", (c) Luis Tamargo.<br>  <a href="http://leetamargo.mybesthost.com/merecela.htm">http://leetamargo.mybesthost.com/merecela.htm</a></p>

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 <title>SON R&#205;OS</title>
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<center><img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/sonriosblog.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="sonriosblog.jpg" align="center"></center><p>Pasan, descienden,<br>fluyen los r&#237;os...<br>Cascabelean orillas y,<br>con la vista atr&#225;s, <br>suspiran entre riberas <br>de risas inalcanzables.</p><p>&#191; Alguien dijo caer ?<br>Ascienden... Hasta el mar<br>se elevan, creciendo.</p><p>&#191; Qui&#233;n dijo fin ?<br>Acaban de nacer, siguen,<br>navegan pantanos, dehesas<br>y fuentes, llaneando sue&#241;os,<br>hermanados al oc&#233;ano<br>por la savia del agua, <br>su cauce eterno.<br>R&#237;os de tinta !,<br>...nadar&#237;a por ti.<br><p><br> *De "POEMARIO DE RUMBOS", (c) Luis Tamargo.-<br>  <a href="http://leetamargo.mybesthost.com/s35.htm">http://leetamargo.mybesthost.com/s35.htm</a></p>

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 <title>UN PUENTE CRUZA...</title>
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 <![CDATA[
<center><img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/puentespblog1.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="puentespblog1.jpg" align="center"></center><p>Se trag&#243; todo el miedo de golpe con aquel s&#250;bito encontronazo. Llevaba horas caminando desde que sali&#243; del aeropuerto y, ahora, la niebla ya ocultaba la carretera por lo que, pegado a la cuneta, no pudo evitar tropezarse de sopet&#243;n con aquel mendigo harapiento que, con su brazo extendido, parec&#237;a capaz de exigirle limosna al diablo mismo. El hombre reaccion&#243; templado y, disimulando el susto, rebusc&#243; en el petate hasta dar con la manta de viaje que tanto le cost&#243; introducir sin estropear la cremallera. Era una buena ocasi&#243;n para deshacerse de ella...<br> -Tome, oiga, no puede andar as&#237; por la calle a estas horas...<br>  El viejo barbudo recogi&#243; la manta con expresi&#243;n desorbitada y el hombre prosigui&#243; carretera adelante. Mantuvo la respiraci&#243;n una decena de metros hasta sentirse por fin aliviado. Se pod&#237;an vislumbrar las farolas del viejo puente que entra en Searles y, acelerando el paso, descendi&#243; por la estrecha carretera que conduce a la poblaci&#243;n.<br>  El vuelo que lo trajo a la capital lo hizo con un retraso exagerado, algo ya casi habitual. Hasta all&#237; no hab&#237;a autob&#250;s de noche, pero era necesario llegar pues a primera hora de cada ma&#241;ana sal&#237;a la l&#237;nea que iba a Dursot, la casa de sus padres y destino final. Hac&#237;a m&#225;s de cinco meses que no ten&#237;a trabajo. Tras m&#225;s de once a&#241;os seguidos sin el m&#225;s leve problema en su empresa, fue despedido al igual que otros tantos que, de repente, se convirtieron en un peso excesivamente caro, seg&#250;n el criterio esgrimido por la nueva directiva. Lo que m&#225;s lament&#243; de aquella situaci&#243;n fue acceder de nuevo al primer plano de la desgastada atenci&#243;n de sus padres para quienes, ya mayores, cualquier tipo de preocupaci&#243;n era lo menos conveniente.<br>   Al principio se dio tiempo, un margen prudencial para asimilar el golpe y quiz&#225;s, con algo de suerte, volver a incorporarse en otro trabajo, pero necesitaba un cambio de aires, un remanso entre tanta tensi&#243;n acumulada. Sus padres ignoraban que llegaba, aunque sab&#237;an lo de su empresa. Ahora viv&#237;an en Dursot, pero a&#241;os antes residieron en Searles y &#233;l a&#250;n reten&#237;a en la memoria de su infancia los senderos entre bosques, casi con la misma nitidez.<br>    Cruz&#243; el puente iluminado tan solo por los halos tenues que la niebla dejaba traspasar. Abajo, escuch&#243; el r&#237;o que nutr&#237;a la laguna, se pod&#237;a adivinar su lento cabalgar. Estaba cansado. Los doce kil&#243;metros que separaban el aeropuerto del pueblo le ayudar&#237;an a descansar mejor, solo pensaba en la pensi&#243;n de la se&#241;ora Cort&#233;z, ahora regentada por sus sobrinos y ma&#241;ana, por fin, de vuelta a casa.<br>  La ma&#241;ana se despert&#243; en medio de una lluvia plomiza, sin amanecer, aunque tibia. El autob&#250;s que le llevaba a casa se detuvo a la entrada del puente que cruza Searles. Los veh&#237;culos atravesados de la polic&#237;a imped&#237;an el paso al tr&#225;fico y, con sus luces parpadeantes, levantaban la curiosidad entre los habitantes de la tranquila villa. Un agente subi&#243; al autob&#250;s y avanz&#243; por el pasillo en actitud vigilante, observando cada detalle de los pasajeros. Luego, respondi&#243; a la inquietud de una nerviosa anciana... Hab&#237;an encontrado el cuerpo ahorcado de la baranda del puente, colgado sobre el r&#237;o. Pertenec&#237;a a un jefe de la antigua f&#225;brica. La anciana, a su lado, le golpe&#243; con el codo y farfull&#243;:<br> -Se llevan la f&#225;brica, acabar&#225;n con el pueblo, con la gente...<br>  S&#237;, es duro comenzar de nuevo, pens&#243; &#233;l, sin entrar a la conversaci&#243;n.<br>  Una ambulancia hizo sonar la sirena al abrir la comitiva y, detr&#225;s, le sigui&#243; el autom&#243;vil que transportaba el cad&#225;ver. Los polic&#237;as ordenaron la circulaci&#243;n y el puente volvi&#243; a cobrar vida mientras los pasajeros regresaban a sus asientos.<br> -Ya nos movemos! Por fin se pone en marcha... -La anciana farfull&#243; de nuevo en voz alta.<br> -...S&#237;, la vida sigue.<br><p><br> <br> *"Es Una Colecci&#243;n de Cuadernos Con Coraz&#243;n", (c) Luis Tamargo.-<br>  <a href="http://leetamargo.mybesthost.com/unpuente.htm">http://leetamargo.mybesthost.com/unpuente.htm</a></p>

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 <dc:date>2005-09-17T01:00:00+01:00</dc:date>
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 <title>EN EL FONDO</title>
<link>http://poemagenes.zoomblog.com/archivo/2005/09/14/en-El-Fondo.html</link>
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<center><img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/fondolakeiblog.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="fondolakeiblog.jpg" align="center"></center><p>De las afrentas y de las mentiras,<br>del estupor desolado y de repente.<br>De las veleidades y<br>las injustificadas injurias.<br>De la...&#191;sinraz&#243;n?<br>&#191;est&#225; bien dicho...?<br>De la inocencia<br>desarmada, intencionada.<br>De lo innombrable,<br>de lo aborrecible y de<br>lo que deber&#237;amos aborrecer.<br>De lo que nos desagrada,<br>violenta y desasosiega.<br>De todo por lo que <br>el nombre del olvido<br>tuvo que ser inventado.<br>...De todo eso,<br>del fondo de lo no nombrado.<br><p><br> *De "POEMARIO DE RUMBOS", (c) Luis Tamargo.-<br>  <a href="http://leetamargo.mybesthost.com/s34.htm">http://leetamargo.mybesthost.com/s34.htm</a></p>

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 <title>Leer a ANDREW SEAN GREER</title>
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<center><img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/maxtivoliblog.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="maxtivoliblog.jpg" align="center"></center><p>LAS CONFESIONES DE MAX T&#205;VOLI:</p><p>  Este es un libro peculiar y extraordinario. Un libro realista que sin embargo parte de una premisa fant&#225;stica, el protagonista Max Tivoli es un hombre que nace f&#237;sicamente como un viejo y mentalmente como un beb&#233;. Su vida por tanto, transcurre al rev&#233;s de la de los dem&#225;s: mientras su cuerpo rejuvenece, su mente, como la de todos, va madurando y abandonando la inocencia.<br>Al nacer, Max Tivoli tendr&#225; la apariencia de un viejo de 70 a&#241;os, los a&#241;os que sabe que vivir&#225;, no hay error posible: es la &#250;nica persona en el mundo que sabe cu&#225;ndo morir&#225;. Estamos en San Francisco, en 1870. Estamos en una ciudad que crece, como todo Estados Unidos, que pasar&#225; por un terremoto y que resucitar&#225;. Max ir&#225; &#147;creciendo&#148; sin infancia y con la repugnancia reflejada en el rostro de los dem&#225;s ante su cuerpo imposible. S&#243;lo su madre y su padre, que desaparecer&#225; misteriosamente; una criada, que acabar&#225; convertida en madame de un prost&#237;bulo; y su amigo Hughie conocer&#225;n la verdad. Max deber&#225; seguir al pie de la letra una m&#225;xima de su madre &#147;s&#233; lo que piensan que eres&#148;, es decir, act&#250;a como te ven f&#237;sicamente los dem&#225;s. La vida del protagonista ser&#225; por tanto un enga&#241;o continuo, un aparentar que se es lo que se ve, y no lo que se siente. Siendo adolescente tendr&#225; que aparentar ser un viejo, siendo un viejo tendr&#225; que comportarse como un ni&#241;o. Todo este sufrimiento interior s&#243;lo puede ser soportado por una obsesi&#243;n, la conquista del amor de Alice, su vecina. Un amor que perder&#225; tres veces: en la adolescencia al no poder conquistarla por su aspecto, en la madurez al no poder retenerla en su matrimonio, y en la decrepitud al convertirse en un ni&#241;o. <br>Max cuenta en primera persona todas sus frustraciones, sus esperanzas, sus anhelos. Su voz rota, ego&#237;sta, amorosa, col&#233;rica, humilde y triste a la vez, es lo mejor de la novela. Porque Max Tivoli se presenta ante nuestros ojos, no como un monstruo, no como alguien que contradice las leyes de la naturaleza, se presenta sobre todo como una persona que es m&#225;s humana que la mayor&#237;a de sus cong&#233;neres. Como una persona que lo &#250;nico que quiere encontrar es un poco de paz, un poco de amor en su vida. Hay una frase que nos cautiva y que resume el esp&#237;ritu del libro: &#147;Cada uno de nosotros somos el amor de la vida de otro&#148;. Aunque no lo queramos todos hemos sido la obsesi&#243;n amorosa de alguien, todos, hasta el ser m&#225;s deforme, hemos sido amados, a veces sin ser conscientes de ello. &#147;Las confesiones de Max Tivoli&#148; es un libro que est&#225; repleto de amores secretos, de amores no correspondidos. Hasta el &#250;ltimo momento hay un secreto, hasta el &#250;ltimo momento encontramos una pasi&#243;n escondida. Hasta el &#250;ltimo momento el autor nos sorprende.</p><p>  Andrew Sean Greer ha publicado este mismo a&#241;o &#233;sta su segunda novela en Estados Unidos. Una novela que ha sido traducida ya a varios idiomas y que ha consagrado a Greer como un escritor especialmente dotado para la emoci&#243;n. Y es que la historia de este ser atormentado, de este amor imposible, se vuelve en sus manos m&#225;s y m&#225;s melanc&#243;lica, m&#225;s cercana al infierno, hasta llegar a unas &#250;ltimas p&#225;ginas de una feroz sensibilidad que nos hace emocionarnos hasta las l&#225;grimas. Una gran novela. <br><p><br> *(Extra&#237;do de "EITB Pompas de papel", por Enrique Mart&#237;n).-<br> <a href="http://entrerenglones.blogspot.com">http://entrerenglones.blogspot.com</a></p>

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 <dc:date>2005-09-12T01:00:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>poemagenes</dc:creator>
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 <title>UN &#193;RBOL LLAMADO...</title>
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<center><img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/unarbolblog.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="unarbolblog.jpg" align="center"></center><p>Entre los humedales se fue abriendo paso ahora m&#225;s ligero, aunque bastante fatigado. Atr&#225;s qued&#243; el peligro de la zona pantanosa y de los tramos que hubo de atravesar con el agua lleg&#225;ndole hasta el pecho. Sujetando el machete por encima de la cabeza, con los dientes apretados, avanz&#243; con lentitud cada cent&#237;metro, trag&#225;ndose el sudor que goteaba de su barba rala, hasta que por fin el lodo se torn&#243; firme y pudo correr hacia el bosque. Un suspiro de esperanza pareci&#243; resucitar de sus sofocados jadeos cuando penetr&#243; en la espesura. Sin detenerse, continu&#243; la desenfrenada carrera, apartando a golpe de machete la mara&#241;a de lianas que obstaculizaba su camino. Un camino improvisado sobre la marcha, inventado por el afilado cincel del &#250;nico arma del que ahora pod&#237;a fiarse. Tambi&#233;n atr&#225;s qued&#243; el galopar tumultuoso y los ladridos salvajes de las fieras desbocadas, alentadas por los gritos no menos fieros de sus perseguidores.<br>  Corri&#243; y corri&#243; hasta caerse, hasta que todo &#225;pice de energ&#237;a se esfum&#243;, desgastado. Su rostro qued&#243; hundido en el barro del suelo, entre las hojas, al pie del gran tronco, bajo el frondoso techo del bosque.<br>  Aquella zona de la costa oriental era conocida por la bravura de los piratas que la custodiaban y, por tanto, tan temida como evitada. Sin embargo, la galerna que le desarbol&#243; el palo mayor fue una m&#225;s de las que frecuentemente se desataban en el &#225;rea en aquella &#233;poca del a&#241;o, dej&#225;ndole as&#237; a merced de las aristas rocosas de los arrecifes, sembrados indiscriminadamente por la mano del diablo. Advertido del riesgo, el inoportuno temporal vino a complicar el viaje inesperadamente.<br>   Sin fuerzas para oponerse a los piratas que lo capturaron hubo de padecer un tortuoso cautiverio, interminable de no ser por el descuido igualmente inesperado de sus captores que, oportunamente, supo aprovechar. La persecuci&#243;n fue despiadada y, durante la carrera, habl&#243; consigo mismo repasando cada pregunta y respuesta, cada uno de los motivos que lo hab&#237;an empujado tan lejos en el viaje de su vida. Recordaba la voz de su amigo Pablo anim&#225;ndole con tono amable, apaciguando sus miedos. Pens&#225;ndolo bien no conoc&#237;a a nadie con aquel nombre, pero s&#237; reconoc&#237;a la voz familiar del amigo. Le hablaba del hogar y de las gentes que amaba en la otra tierra firme, de donde parti&#243;. S&#237;, se decidir&#237;a a volver, iba siendo hora de regresar. Ahora mismo no exist&#237;a nada que m&#225;s deseara y, llorando, se abraz&#243; a su amigo, desconsolado. As&#237;, abrazado, se despert&#243;, con sus brazos alrededor del enorme tronco redondo, queriendo abarcar el ancho contorno del &#225;rbol que cobij&#243; su sue&#241;o&#133; Pablo, Pablo!, gimi&#243; a&#250;n levemente, mientras despertaba, incr&#233;dulo.<br>  De vuelta a casa fue lo primero que hizo, seg&#250;n vino proponi&#233;ndoselo durante todo el trayecto. Lleg&#243; al pueblo dispuesto a dedicarse en exclusividad a cumplir aquella promesa. La antigua casa de piedra segu&#237;a en pie, aunque en ruinas y, as&#237;, recorri&#243; cada rinc&#243;n de infancia y los recuerdos que a&#250;n perviv&#237;an en los lugares que am&#243;. Dej&#243; que sus pasos le guiasen o, tal vez, fue el propio sendero que llevaba a la fuente el que lo gui&#243;&#133; Por un instante dud&#243; y se pregunt&#243; por d&#243;nde&#133; Por aqu&#237;, por aqu&#237;!, reconoci&#243; la voz, al final de la linde con el bosque. Se sent&#243; all&#237;, bajo el &#225;rbol grande, apoyado en el respaldo confortable de su grueso tronco y, extrayendo el libro del petate, ley&#243; durante horas, ininterrumpidamente, hasta dormirse. Al despertar, se despidi&#243;&#133; Hasta ma&#241;ana, Pablo!<br>  &#133;Hasta siempre, amigo!, respondi&#243; el &#225;rbol, mientras se iba alejando.<br><p><br> <br> *"Es Una Colecci&#243;n de Cuadernos Con Coraz&#243;n", (c) Luis Tamargo.<br>  <a href="http://leetamargo.mybesthost.com/unarbol.htm">http://leetamargo.mybesthost.com/unarbol.htm</a></p>

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 <dc:date>2005-09-09T01:00:00+01:00</dc:date>
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 <title>POR EL CAMINO DE LA FUENTE</title>
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<img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/porelcfblog6.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="porelcfblog6.jpg" align="right"><p>Noche de atardecer rojo.<br>Es de terciopelo negro<br>la piel del silencio.<br>Como a borbotones<br>se agolpan en mi pecho,<br>antes contenidas, ya<br>desatadas, emociones libres,<br>con j&#250;bilo de sentir.<br>Plenitud de ser&#133;<br>La casta&#241;era centenaria<br>eleva sus brazos,<br>como tent&#225;culos al cielo.<br>Y las estrellas, c&#243;mplices,<br>se posan arriba,<br>en sus ramas desnudas,<br>para dedicarle un sue&#241;o.<br>Hasta el verde de la llan&#237;a<br>se hizo noche.<br>Las mariposas duermen<br>por el camino de la fuente.<br><p><br> *De "POEM&#193;GENES", (c) Luis Tamargo.-<br><a href="http://leetamargo.mybesthost.com/inter.htm">http://leetamargo.mybesthost.com/inter.htm</a></p>

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 <title>LA FUENTE ROSA</title>
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<center><img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/porelcfblog3.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="porelcfblog3.jpg" align="center"></center><p>Brota la fuente rosa,<br>donde el avellano se asoma<br>para avistar el cielo.<br>Aprieto el paso, cuesta arriba,<br>hacia el cruce, donde<br>el camino muere.<br>Un viento liviano zarandea<br>las copas frondosas, y<br>el bosque revive.<br>El avellano triste<br>se r&#237;e, inescrutable,<br>desde su otero, solitario.<br>Rosa es la tarde, y<br>rosa es el agua que brota<br>de la fuente del avellano.<br><p><br> *De "POEM&#193;GENES", (c) Luis Tamargo.-<br> <a href="http://leetamargo.mybesthost.com/a1.htm">http://leetamargo.mybesthost.com/a1.htm</a></p>

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 <dc:date>2005-09-03T01:00:00+01:00</dc:date>
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 <title>EL REPORTAJE</title>
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<img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/reporter1blog.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="reporter1blog.jpg" align="right"><p>No hab&#237;a tiempo que perder y, de inmediato, puse manos a la obra. Abr&#237; el malet&#237;n y rebusqu&#233; en el fondo hasta dar con el muestrario. Escog&#237; el punto de vista m&#225;s apropiado para el tema. Antes, avis&#233; al narrador para que respetase la distancia, pues ya me dispon&#237;a a manejar la herramienta. Hab&#237;an sido unas jornadas de ardua tarea y enconado esfuerzo, cuando a&#250;n parec&#237;a imposible imaginar el aspecto final de la recompensa. Sin embargo, desde el principio flot&#243; en el ambiente un cierto halo de compromiso que acab&#243; por impregar de veracidad el esp&#237;ritu que animaba cada intenci&#243;n. A tal fin, desatornill&#233; un par de palabras, apresadas entre adjetivos. La frase henchida y, por fin, libre consigui&#243; ahora acertar con la distra&#237;ada atenci&#243;n de aquel lector desconocido. Me par&#233; a reflexionar sobre &#233;l, por unos momentos, pens&#233; que se merec&#237;a le dedicara ese instante solidario, m&#225;s que caritativo. Despu&#233;s, escuch&#233;... Y entonces la brisa adquiri&#243; el tono esperado.<br>  Quiz&#225;s la intensa concentraci&#243;n desatada bien merec&#237;a un descanso, tal vez un tentempi&#233;, pero ya no pod&#237;a aguantarme m&#225;s las ganas, as&#237; que me dirig&#237; cuesta abajo, fuera del recinto, hasta la curva que se adentra entre los pinos. All&#237;, dej&#233; la carretera y camin&#233; sobre la hierba hasta el acantilado, me detuve en la orilla rocosa y aguard&#233; el paso de la primera serie de olas. Luego, pos&#233; suavemente la obra sobre el agua para observar la evoluci&#243;n de sus movimientos.<br>  Regres&#233; al taller, pendiente arriba, &#225;vido por dar la noticia. Todos esperaban con una pregunta dibujada en el rostro. Entonces, en voz alta, afirm&#233;:<br>-S&#237;, flota!<br>  Una sonrisa ilumin&#243; la tez del profesor, contagiado por el entusiasmo, que apostill&#243;:<br>-&#191;Os dais cuenta...? Es posible!<br>  Todos se arremolinaron frente al ventanal para contemplar la silueta elegante de la nave, recortada entre los azules de cielo y mar. La embarcaci&#243;n enfilaba rumbo al cabo, mar adentro, dejando a un lado el peque&#241;o islote del faro. Callados, parec&#237;an asentir en silencio, agradecidos... Ahora, por fin, ya ten&#237;an algo que leer en la l&#237;nea del horizonte.<br><p><br> <br> *"Es Una Colecci&#243;n de Cuadernos Con Coraz&#243;n", (c) Luis Tamargo.<br>  <a href="http://leetamargo.mybesthost.com/elreportaje.htm">http://leetamargo.mybesthost.com/elreportaje.htm</a></p>

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 <dc:date>2005-08-31T01:00:00+01:00</dc:date>
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 <title>PURO MIEDO</title>
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<center><img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/pmiedoblog1.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="pmiedoblog1.jpg" align="center"></center><p>No, no era pereza aquello que le atenazaba, impidiendo mover un brazo o una pierna. Era hombre de costumbres forjadas a base de constancia y empe&#241;o, &#147;de pocos a pocos&#148; como le oy&#243; decir a su padre, tambi&#233;n marinero. Tampoco se le pod&#237;a llamar desidia a esa especie de indiferencia atroz, sobre todo ahora que era capaz de valorar el costoso precio de la experiencia, fruto de tantas jornadas de enconado esfuerzo. Resultaba entonces rid&#237;culo mostrar un gesto de congratulaci&#243;n y regalar el problema ya resuelto, adelant&#225;ndose al final, como si nuestra generosidad quisiera hacerse merecedora de una medalla por su gesto heroico. No, no era petulancia ni falsa arrogancia, al contrario, habr&#237;a tirado por la borda todas las condecoraciones si hubiera sido ese el remedio. Todav&#237;a le quedaba sino mucho, al menos, lo mejor por navegar, se lo hab&#237;a venido repitiendo durante todos estos a&#241;os, cada vez que atravesaba aquel estrecho en la ruta transoce&#225;nica, al mando del ferry que a fuerza precisamente de m&#233;todo y disciplina se hab&#237;a transformado en su &#250;nico hogar.<br>  Desde la infancia se aliment&#243; y nutri&#243; del mar. A&#250;n rememora con regocijo el d&#237;a en que pudo mostrar a su padre el t&#237;tulo de capit&#225;n que con tanto ah&#237;nco trabaj&#243; para ganarlo a pulso. Fue el sue&#241;o de su padre, modesto pescador en los caladeros del norte y ahora, a sus cincuenta y seis a&#241;os, era su vida. No hab&#237;a hecho otra cosa que pilotar y navegar, recorrer rumbos y aprender para navegar mejor. En la actual compa&#241;&#237;a trasatl&#225;ntica encontr&#243; sitio permanente durante los &#250;ltimos diez a&#241;os y, a estas alturas, solo le quedaba esperar, aguantar algunos a&#241;os m&#225;s haciendo lo que era suyo y le gustaba hacer, navegar, cruzar aquel estrecho que conoc&#237;a palmo a palmo.<br>  Realizaba una ruta preconcebida que poco variaba en su recorrido largo, pero no exento de mil encantos. El Capit&#225;n era un ferviente enamorado de aquella costa incomparable, casi amaba hasta la brisa g&#233;lida que en ocasiones soplaba al atardecer; entonces, sal&#237;a a cubierta y dejaba que el viento jugara con los bucles de su cabello canoso. S&#237;, le gustaba esa sensaci&#243;n en su rostro curtido. Pero aquella tarde estaba raro, ni siquiera sali&#243; al puente de mando a otear el cielo, sobre todo porque antes, mucho antes de siquiera haber entrado al estrecho aquel iceberg disperso dio al traste con la ruta de las ilusiones. Antes, hab&#237;an reconocido otras dos grandes moles de hielo flotante, aunque alejadas y, con cautela, siguieron evolucionando adelante. Pero aquel min&#250;sculo trozo aislado tuvo la suficiente habilidad para pasar desapercibido al radar y rajar limpiamente el casco del barco.<br>  No era desilusi&#243;n, no. Tampoco pod&#237;a llam&#225;rsele as&#237; al embargo aquel de fuerzas que a medida que le abandonaban m&#225;s fuertemente le hac&#237;an aferrarse al pasamanos helado del puente de mando. Mientras, el agua entraba por la herida abierta en el costado y, a borbotones, su peso sumerg&#237;a al barco. Los acantilados estaban cerca y algunos de los botes neum&#225;ticos regresaban al buque una vez depositaban su cargamento de tripulantes a salvo en la costa. Tampoco podr&#237;a decirse que fuera ego&#237;smo o falta de solidaridad, pues aunque padeci&#243; avatares y tormentas de las que alardear entre los nietos de sus amigos, tambi&#233;n hab&#237;a disfrutado hasta entonces del mero placer de estar en cubierta y compartir mariner&#237;a como una persona m&#225;s.<br>  Aquella maldita tarde tom&#243; un rumbo distinto y nuevo que no figuraba en sus cartas de navegaci&#243;n. Y tampoco era engreimiento, no, no era eso. La &#250;ltima lecci&#243;n era la m&#225;s dura de aprender y, en el fondo, casi se reprochaba a s&#237; mismo su fatal confianza. Ensimismado en sus reproches, r&#237;gido e inm&#243;vil, desde la baranda del puente a&#250;n pudo escuchar los gritos en&#233;rgicos y desesperados que desde las lanchas le profer&#237;an...<br>   -Ahora, Capit&#225;n! Ahora es el momento, ahora...<br>  Entonces salt&#243;, como impulsado por un resorte invisible. Cay&#243; blando en la zodiac que le aguardaba, pues &#233;l era el &#250;ltimo... Salt&#243; justo a tiempo para que a los pocos segundos de haberse alejado lograran evitar el torbellino de agua que engull&#237;a finalmente a la nave hacia las profundidades. Los de la patrulla le observaron, callado e impasible, pod&#237;an comprender presumiblemente su estado de &#225;nimo. Aquello tampoco era cobard&#237;a, no. Solo quienes nacieron a bordo de un pesquero en una peque&#241;a poblaci&#243;n de puerto de mar &#150;tambi&#233;n se lo oy&#243; decir siempre a su padre -, s&#243;lo ellos pod&#237;an permitirse tener miedo...<br><p><br> <br> *"Es Una Colecci&#243;n de Cuadernos Con Coraz&#243;n", (c) Luis Tamargo.-<br>  <a href="http://leetamargo.mybesthost.com/pmiedo.htm">http://leetamargo.mybesthost.com/pmiedo.htm</a></p>

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 <dc:date>2005-08-27T01:00:00+01:00</dc:date>
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 <title>Leer a ANA MAR&#205;A MATUTE</title>
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<img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/leeramatuteblog.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="leeramatuteblog.jpg" align="right"><p>La veterana escritora y acad&#233;mica Ana Mar&#237;a Matute (Barcelona, </p><p>1926), ha conversado esta semana con sus lectores en la UIMP. All&#237; </p><p>cont&#243; algunas interioridades de su proceso de escritura, an&#233;cdotas </p><p>familiares y discrep&#243; respecto a algunas afirmaciones de sus colegas. </p><p>Dicen por ejemplo algunos escritores que, cuando arrancan a escribir, </p><p>llega un momento, a veces, en que los personajes cobran vida propia y </p><p>avanzan por derroteros imprevistos. No es este el caso de Ana Mar&#237;a </p><p>Matute. "A m&#237; no me sucede, porque para m&#237; los personajes no son tan </p><p>importantes como el libro. Me importan para explicar lo que yo quiero </p><p>explicar. Es como una partida de ajedrez. Los personajes son los </p><p>peones, las torres y los alfiles, pero a m&#237; lo que me importa es el </p><p>jaque mate". "Escribir siempre es una forma de protesta, aunque sea </p><p>contra uno mismo", prosigui&#243; la autora de <i>Primera Memoria</i>. "Es muy </p><p>bonito, pero tambi&#233;n muy penoso. Ahora, cuando te sale, es una </p><p>felicidad inmensa", dec&#237;a con un &#233;nfasis que semejaba que abr&#237;a los </p><p>brazos.<br>  El arranque es para Matute lo m&#225;s dif&#237;cil: "Encontrar el tono". </p><p>"Empiezas a romper y a romper folios. S&#237;, ya digo lo que quiero decir </p><p>-te dices-, pero no c&#243;mo... Y de repente, un d&#237;a, no sabes c&#243;mo, sale". </p><p>M&#225;s tarde llega otro momento comprometido, el de la correccci&#243;n, al que </p><p>hay que saber poner el punto y final. "Es suicida, porque no acabar&#237;as </p><p>nunca".(...)<br>  En cuanto a los premios, Ana Mar&#237;a Matute, (...)a&#241;adi&#243;, "los premios </p><p>no significan que seas mejor o peor escritor". De todas formas </p><p>reconoci&#243; que en la literatura "si se empieza de joven mejor, y si </p><p>publicas y te equivocas mucho mejor", porque para ella "se aprende </p><p>mucho m&#225;s de los errores que de los aciertos". <br>   Est&#225; escribiendo una nueva novela que espera terminar para octubre, </p><p>pero no revela nada de ella. Cree que da "mala suerte".<br><p><br>   *(Extra&#237;do de La Raz&#243;n, Agosto de 2005).-<br> <a href="http://entrerenglones.blogspot.com">http://entrerenglones.blogspot.com</a></p>

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 <dc:date>2005-08-24T01:00:00+01:00</dc:date>
 <dc:creator>poemagenes</dc:creator>
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 <title>EL LAZO EN LA CA&#209;A</title>
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<center><img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/lazoenlac2blog.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="lazoenlac2blog.jpg" align="center"></center><p>Margari Noiz destac&#243; siempre, incluso desde ni&#241;a, su madre se encarg&#243; de ensalzar con una enorme lazada blanca su negra cabellera no bien hubo tenido la suficiente cantidad para recog&#233;rselo arriba y, despu&#233;s, a ambos lados en dos pobladas y hermosas coletas. De entre todos, era inconfundible y reconocible por sus cuidados lazos blancos de adolescente que siguieron acompa&#241;&#225;ndole en sus a&#241;os de juventud, realzando su figura esbelta que tan elegantemente contoneaba. As&#237;, Margari creci&#243; en el seno de una familia tambi&#233;n destacada, sino adinerada al menos distinguida por la riqueza que su padre, capataz de la antigua plantaci&#243;n de bamb&#250;, supo recolectar a base de esfuerzo y continuada dedicaci&#243;n.<br>  Sin embargo, son los caminos del amor insospechados desde sus comienzos y, as&#237;, la joven vino a enamorarse del muchacho aquel que trabajaba en el ca&#241;averal, junto a la gran playa, de aspecto tosco, semisalvaje, rudo y &#225;gil, pero de suave tez oscura y profundos ojos de miel. Nunca se olvida la primera vez. Margari entr&#243; en la plantaci&#243;n, al caer la tarde, siguiendo las huellas de terciopelo del bello muchacho que la llevaba de la mano. Entre las caba&#241;as, en la de los aperos, all&#237;, &#233;l fue desnud&#225;ndola con calma&#133; Tan solo la dej&#243; vestida con aquel gran lazo blanco que ce&#241;&#237;a la larga melena de lacio cabello negro que resbalaba por su espalda, para amarla. Margari conoci&#243; el sabor c&#225;lido de la piel amada y, as&#237;, estremecida en temblor de tiernas caricias, se durmi&#243; entre sus brazos, abrazada al salvaje amor, al &#250;nico capaz de haber conquistado sin rendici&#243;n su coraz&#243;n temprano. En ese mismo candor de los cuerpos reci&#233;n estrenados al amor fue donde se despert&#243; al impresionante espect&#225;culo que se extend&#237;a ante sus ojos&#133; Toda la orilla de la playa estaba sembrada de ca&#241;as de bamb&#250; y, cada una, con un lazo blanco que el viento hac&#237;a ondear en armoniosa danza. El regalo de amor que aquel muchacho le dedic&#243; siempre lo recordar&#237;a, incluso m&#225;s tarde, despu&#233;s de que su primer amor marchara y desapareciera para siempre.<br>  Tambi&#233;n alcanz&#243; la pintora Margari Noiz un lugar destacado en el correr de los a&#241;os. La firma de la artista adquiri&#243; prestigio y renombre; pase&#243; sus obras por variadas y diversas galer&#237;as a lo largo de medio mundo. No obstante, regres&#243; a la playa, prefiri&#243; escoger la solitaria compa&#241;&#237;a de aquella orilla que tantos recuerdos entra&#241;ables escond&#237;a para ella. All&#237; erigi&#243; su casa, a pie de playa, y desde el porche de su amplia terraza, cuyos pilares descansaban en la misma arena que pis&#243; de peque&#241;a, pod&#237;a contemplar y entablar estrecha comuni&#243;n con su playa de ensue&#241;os. Sobre todo ahora, cuando se apunta el final para dejar adivinarse, cuando hab&#237;a dejado a un lado los pinceles, debido a una artritis degenerativa que le imped&#237;a sostener otro objeto que no fuera el bast&#243;n de bamb&#250; sobre el que torpemente se apoyaba para moverse. No perdonaba, sin embargo, su paseo mar&#237;timo al borde de las olas, aunque tanta playa ahora le sobraba para recorrer en toda su extensi&#243;n sino con la memoria.<br>  Esta ma&#241;ana, sin embargo, Margari se ha tropezado en la orilla con una viva sorpresa, un reaparecido recuerdo que, asustada, le ha sobrecogido hasta conseguir inquietarle&#133; Clavada en la arena de la orilla y ba&#241;ada por las &#250;ltimas olas moribundas, una ca&#241;a de bamb&#250;, enhiesta y arrogante, otea el horizonte, adornada con un gran lazo blanco que la suave brisa marina vapulea&#133; Le ha parecido escuchar al viento una canci&#243;n olvidada y, sin sobreponerse, ha regresado hacia el porche de su casa, aunque a duras penas, ansiosa y jadeante.<br>  Hoy le&#237; la noticia en la prensa y me trajo el recuerdo de la historia que mi viejo compa&#241;ero de viajes me cont&#243; en una de nuestras traves&#237;as oce&#225;nicas, en los buenos tiempos, cuando la juventud navegaba con su propia vela. La foto de la reci&#233;n fallecida pintora que ven&#237;a en el peri&#243;dico me hizo pensar que a&#250;n pod&#237;a haber durado algunos a&#241;os m&#225;s. La encontraron sentada en el porche de su casa en la playa, con la boca y los ojos abiertos, r&#237;gida. Mi viejo amigo de correr&#237;as me asegur&#243; haberla llegado a conocer y, no quise entonces creerle, pero me confes&#243; incluso haberla enamorado. Recuerdo vivamente su imagen, intr&#233;pida y aventurera; &#233;l s&#237; que fue un viajero impenitente. Me pregunto qu&#233; habr&#225; sido de su vida ahora que los a&#241;os se han ido amontonado&#133;<br>  Dobl&#233; el peri&#243;dico bajo el brazo y me incorpor&#233; del entumecido banco del jard&#237;n para regresar de vuelta al asilo. La tarde iba cayendo, implacable.<br><p><br> *"Es Una Colecci&#243;n de Cuadernos Con Coraz&#243;n", (c) Luis Tamargo.-<br>  <a href="http://leetamargo.mybesthost.com/lazoenla.htm">http://leetamargo.mybesthost.com/lazoenla.htm</a></p>

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 <title>LA PLAYA</title>
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<center><img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/laplayablog.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="laplayablog.jpg" align="center"></center><p>Canta la tarde,</p><p>sue&#241;a la playa.</p><p>Se llevaron las olas</p><p>tus huellas de arena.</p><p>Perezosa, la tarde</p><p>se acuesta en la playa.</p><p>Canta la ola,</p><p>sue&#241;a la estrella. <br><p><br> *De "MARINERO DE ESTRELLAS", (c) Luis Tamargo.-<br> <a href="http://leetamargo.mybesthost.com/p4.htm">http://leetamargo.mybesthost.com/p4.htm</a></p>

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 <title>ANOCHE EN EL LAGO</title>
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<center><img src="http://blogia.com/leetamargo/upload/inthelacblog1.jpg" border="0"  vspace="3" hspace="3" alt="inthelacblog1.jpg" align="center"></center><p>-...Anoche en el lago.<br>-&#191;Es entonces cuando lo encontr&#243;...?<br>-S&#237;, lo encontr&#233; anoche en el lago...<br>  Aguantaba cada embestida de preguntas con una fr&#237;a parsimonia; su voz pausada no vacilaba.<br>-Pero, &#191;puede saberse...? -el agente que interrogaba moder&#243; el tono- &#191;...Qu&#233; hac&#237;a usted all&#237; a esas horas, oiga?<br>-Vuelvo a repetirles, se&#241;ores, que nac&#237; aqu&#237; en Los Llanos, a orillas del lago. Viv&#237;amos junto al aserradero, mi padre trabaj&#243; all&#237;. Cuando lo cerraron tuvimos que marchar a Calton, yo entonces ten&#237;a catorce a&#241;os. Soy profesor de literatura en el Instituto de Calton y vengo a Los Llanos siempre que tengo ocasi&#243;n. Me gusta pescar, &#191;sabe?... en el lago se dan unos barbos excelentes, conozco la zona.<br>  Al otro lado de la cristalera el inspector R&#243;denas escuchaba contemplando la escena con una atenta pulcritud de cirujano, mientras el Jefe de Polic&#237;a le relataba los pormenores del hallazgo.<br>-D&#237;as atr&#225;s ya nos hab&#237;an alertado. Alg&#250;n cazador de patos divis&#243; una columna de humo. La patrulla que envi&#233; al lugar le encontr&#243; tirado en el suelo, desvah&#237;do, junto a uno de esos bultos negros de pl&#225;stico. Pero enseguida se reanim&#243; en la Central, ese caf&#233; de m&#225;quina hace hablar hasta a los mudos...<br>  Cuando llamaron a la puerta, ambos se volvieron. Era el agente responsable del reconocimiento que tra&#237;a las &#250;ltimas novedades...<br>-Adelante, teniente, &#191;hay algo nuevo?<br>-Se&#241;or, hemos hallado restos de su presencia en la caba&#241;a contigua al aserradero, v&#237;veres, algunas conservas, latas de bebida y una fogata donde se preparaba pescado. Tambi&#233;n un viejo camastro, apolillado, con mantas revueltas; deb&#237;a de pernoctar ah&#237;, se&#241;or.<br>  Sus miradas se volvieron al interior de la sala de interrogatorios. El hombre continuaba respondiendo al grupo de agentes sin muestras de duda o inquietud, incluso sin ahorrar todo tipo de detalles en su explicaci&#243;n...<br>-No, no tengo veh&#237;culo. El tren me deja en Los Llanos y el lago est&#225; cerca si tomas la desviaci&#243;n. De muchachos &#237;bamos a pescar tambi&#233;n por ese atajo. La noche pasada me adentr&#233; en el lago, llevaba varias horas con la ca&#241;a quieta sin se&#241;al alguna de movimiento en las aguas. La suave corriente, imperceptible, mec&#237;a la espera en la barca, con los remos recogidos, cuando observ&#233; que el hilo se tensaba de s&#250;bito. Aquello era muy pesado, deb&#237;a de haberse trabado en algo, as&#237; que tir&#233;, aunque sin &#233;xito. Sujet&#233; firme la ca&#241;a y rem&#233; hacia el aserradero, a duras penas consegu&#237; arrastrarlo. Era un saco de lona negra, medio abierto; lo romp&#237; con cierto reparo para ver el contenido... Pero s&#243;lo recuerdo que me desmay&#233;, que ca&#237; sin sentido ah&#237; donde me encontraron ustedes...<br>  Al inspector R&#243;denas se le escap&#243; un improperio tras la cristalera invisible:<br>-&#161;Maldito hijo de...!<br>  El Jefe de Polic&#237;a se dirigi&#243; al encargado del reconocimiento:<br>-Prosiga, teniente...<br>-Se&#241;or, se han encontrado dieciocho bultos como ese, lago adentro; no descartamos que a&#250;n haya m&#225;s, los equipos de buceo est&#225;n ahora rastreando la zona.<br>-&#191;...Y? -conmin&#243; con urgencia R&#243;denas.<br>-Cada bulto revisado, se&#241;or, contiene lo mismo: un cad&#225;ver de una persona, desmembrado, todos mutilados. En su mayor parte descompuestos, algunos s&#243;lo huesos, quiz&#225;s los que lleven sumergidos m&#225;s tiempo. Todos con una piedra de gran peso en su extremo para quedar anclados al fondo. Ese, el primero hallado debi&#243; de soltarse... Se trata de una mujer joven, rubia, probablemente sea la que desapareci&#243; en Bezin la semana pasada.<br>  Al inspector R&#243;denas no le hizo falta escuchar m&#225;s, era su turno. Cuando giraba el pomo para acceder a la sala del interrogatorio, el Jefe de Polic&#237;a le dirigi&#243; unas palabras conciliadoras:<br>-Con calma, R&#243;denas...<br>  El inspector se coloc&#243; frente al hombre sin otra arma que una especie de rabia contenida.<br>-&#191;Por qu&#233; nos miente, oiga...?<br>-&#191;C&#243;mo dice? Les he contado todo lo que s&#233;, la verdad...<br>  El inspector se arm&#243; de paciencia:<br>-Hace cuatro a&#241;os que usted no da clases en Calton, desde aquel asunto con una de sus alumnas. A ella nunca la encontraron, tampoco hubo pruebas y al Juez no le qued&#243; otro remedio que ingresarlo en un Sanatorio Mental. M&#225;s de la mitad de ese tiempo lleva usted fugado del Sanatorio, durante el que ha permanecido oculto a orillas del lago. Con total impunidad usted se mueve en tren desde Los Llanos a otras poblaciones de la comarca. La muchacha que descuartiz&#243; la noche anterior es la desaparecida que busc&#225;bamos; es seguro que comprobaremos los datos del resto de cad&#225;veres. Tal vez el olor hediondo o un desvanecimiento de hambre o debilidad le impidi&#243; ayer completar el final de su macabra operaci&#243;n.<br>  La mirada fija del hombre se torn&#243; neblinosa y, cerr&#225;ndose sobre s&#237;, dej&#243; que el peso de la barbilla se hundiera en el pecho.<br>-Ahora usted no va a regresar al Sanatorio. Por fin el Juez le enviar&#225; a la prisi&#243;n para siempre.-prosigui&#243; el inspector sin tomar respiro.<br>-Ll&#233;vensele, agentes! Aparten esta bazofia de mi vista.<br>  Al salir de la sala. El Jefe de Polic&#237;a le apret&#243; el brazo con complicidad:<br>-Bien, R&#243;denas... &#191;Un caf&#233;?<br>-Se me quit&#243; el apetito. Ma&#241;ana ser&#225; otro d&#237;a...<br>-Hasta ma&#241;ana, inspector.<br>  Arranc&#243; el auto y se dirigi&#243; a Los Llanos, s&#243;lo deseaba llegar a casa para descansar, tampoco cenar&#237;a esa noche, s&#243;lo dormir, olvidar tanto destino. Ni siquiera se fij&#243; en el amanecer, en el abanico de rosas y naranjas que te&#241;&#237;a el cielo y que se reflejaba en las aguas calladas del lago.<br><p><br> <br> *"Es Una Colecci&#243;n de Cuadernos Con Coraz&#243;n", (c) Luis Tamargo.-<br><a href="http://leetamargo.mybesthost.com/enellago.htm">http://leetamargo.mybesthost.com/enellago.htm</a></p>

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 <dc:date>2005-08-14T01:00:00+01:00</dc:date>
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